22/12/12

La "Wamena Globalizada"

Wamena es la principal ciudad del Valle Baliem y capital del distrito Jayawijaya. Aunque no hay mucho que hacer en ella, es la única base por la que explorar los poblados cercanos y organizar las caminatas. Muchos hoteles, restaurantes, bancos y otros importantes edificios están junto a la pista del aeropuerto. Mientras que su calle principal (Jalan Trikora) no es nada atractiva, tan sólo unas cuatro o cinco calles más hacia el interior se encuentran las casas tradicionales de madera separadas por pequeños jardines, algunos bien cuidados, que hace cambiar esa primera percepción que se tiene al pasear, aunque van siendo absorbidas por las nuevas construcciones debido a la continua llegada de inmigrantes indonesios. Para ver algo tradicional hay que trasladarse a las afueras, a los poblados aledaños a la ciudad. 
La calle mas comercial (Jalan Irian) es la que soporta todo el mercadeo, con cantidad de tiendas y restaurantes baratos. Pero cuanto más camino por la ciudad más me desconsuela. Es polvorienta, hay muchas obras a la mitad porque están paradas, hay muchas edificaciones nuevas y de suerte que circula poco tráfico debido a que también los vehículos tienen que ser traídos en avión. 
Es en los mercados donde se puede ver mejor el estilo de vida de los locales aunque todos visten ropa occidental no han perdido sus viejas costumbres. Sobre todo mascar pinang y fumar sin parar tabaco envuelto en hojas. Las mujeres siguen transportando tanto la mercancía a vender, las que han comprado, el cerdo o su hijo en el Noken (bolso de red de hilo natural) de toda la vida. Cada comunidad tiene su Noken particular.
El transporte por la ciudad se realiza aún más "enlatados" en los Taksis. Yo apenas quepo dentro. Cuesta 4.000Rp. el recorrido por la ciudad, 10.000Rp. el Ojek y entre 3.000 y 5.000Rp. (por persona) el Becak . Las Terminales importantes se encuentran en los extremos de la urbe, junto a los mercados tradicionales: Jibama, para ir hacia el N y N.E.; Misi, para ir al S..
Si sus habitantes es ya un paralelismo entre indonesios y papues en los mercados, tirados por los suelos vendiendo verduras y hortalizas, se encuentran sólo nativos. La pobreza es evidente en muchos por la ropa tan deteriorada y sucia que visten. Los indonesios están dentro de las tienditas, mayoritariamente mini-mercados. Parecen los "chinos invasores" modernos en "un país" que no es el suyo.
De vez en cuando aparece algún viejillo desnudo con koteka que se pierde entre la muchedumbre. Ya no se viste así desde hace muchos años. Y cada vez menos. Son éstos los últimos resquicios de nativos que se niegan a cambiar sus hábitos. En su momento el gobierno mediante la "Operación Koteka" convenció a los habitantes del centro del país que vestir así va en contra del Corán, y comenzó a regalar ropa a los paisanos. Si embargo hay muchos que por rebeldía continúan desnudos y otros pocos para ganarse la vida dejándose fotografiar de esta manera por los turistas.
Hoy día los jóvenes se han abrazado tan firmemente a lo moderno -trabándose de igual manera con los teléfonos móviles como los occidentales, constantemente pegados a los sms gratuitos y a los videojuegos de guerra o de fútbol en las salas de Internet- que las antiguas formas morirán en pocos años.
Ahora me estoy quedando en el hotel Nayak, a pocos metros del aeropuerto, es de los más baratos (250.000Rp.) y mejor de Wamena, tras visitar otros y comparar precio-habitabilidad. Es cómodo, incluye desayuno buffet de pan de molde, queque o empanadilla, mermelada, mantequilla, crema de cacao, café o té. Agua toda la que quiera. 
El agua embotellada en impagable en las tiendas por lo que aprovecho para llenar mis botellas en el hotel cada vez que se me vacía. Es agua filtrada, la misma que se bebe (gratis) en los Rumah Makan y puestos callejeros.
Comer es un poco más caro, pero no mucho. Los puestos mantienen el mismo precio porque suelen ser productos de la tierra. Todo lo que tenga pollo o pescado es más caro. Los supermercados doblan el precio de los de Jayapura.
Estos días estoy a realizando alguna visitas a los poblados de los alrededores y dentro de poco emprenderé la caminata de varias semanas que quiero realizar por y las afueras del Valle Baliem junto a un guía local y un porteador que cargará tanto la comida para los tres como parte de mi mochila, pues  los caminos son bastante dificultosos de seguir y poco transitados. Ya hemos acordado el precio que van a cobrar por día: 400.000Rp. el guía y 100.000Rp. el porteador.
Un más que anecdótico paseo ha sido visitar las aguas saladas en los montes de Jiwika. El día anterior había intentado ir pero en la Terminal Jibama donde salen los Taksis hacia el NE estaban todos vacíos, sin nadie siquiera esperando. Preguntando me dijeron que saldría pero no sabían cuándo. Todo dependía de que se llenase. Enseguida me ofrecieron uno "Charter", es decir, pagándolo completo para que me llevase a mi sólo. Lo que hice fue esperar varias horas paseando por su mercado, que tiene gran movimiento, observando principalmente cómo comercia la gente del valle que viene a vender aquí sus productos.
Desde verduras hasta noken (bolsos tradicionales de carga hecho de hilo de fibra), productos chinos, de alimentación, ropa, calzado... Aquí muchos se surten de lo más imprescindible para llevar a casa. Varios viejillos paseando con su koteka "colgando" o señoras muy mayores cargando uno o dos noken con bastantes kilos, con la fuerza de su cuello y colgado de su frente, con diversos productos -incluso niños pequeños- . Es la manera que siempre han transportados estos bolsos. A muchas mujeres le falta pelos en esta parte de la cabeza por este motivo.
Tras una hora en Taksi y otra hora de subida los casi 300mts. a través de un muy variado bosque se llega a la fuente de la sal donde los nativos se las arreglan para de una  antigua manera muy artesanal extraer con hojas de plataneras secas la sal para sus alimentos. Éstas son introducidas en el agua de una charca durante dos horas, empapándose de tal manera que se puede incluso comer. El agua llega de un riachuelo y se filtra a través de un terreno riquísimo en sales minerales. Luego se vuelven a secar y se queman, aprovechándose las cenizas como aditivo salino.
Bajo esta colina, en el poblado tradicional dani (la tribu mayoritaria en esta parte) de Supaima perteneciente al clan Dungun, se encuentra la momia Wimontok Mabel, un importante guerrero con más de 280 años reconocido como el segundo de los más valientes. Su cuerpo está en la parte alta de la choza, donde se acumula el humo del fuego diario y así, ahumado, es como se ha conservado tantos años. Como otros, que se encuentran repartidos por el valle, aunque algunos ya se han roto. Éstos, cuando mueren  son momificados para inmortalizar su poder y su historia.
Tras presentarme al Kepala Mumi (jefe de momia)  y pagar un derecho para poderlo ver fuera de su choza, éste sacó un pequeño cuerpo encogido, pellejudo, negro, con un la boca abierta mirando al cielo y las órbitas de los ojos vacía, que portaba una fina red cubriendo su cráneo, un Kalung (collar de cuero con algunos couries) y su koteka bien posicionado. Una espantosa figura que bien merecía ser observada detenidamente y luego fotografiada. Está dentro de un grupo de casitas tradicionales rectangulares donde viven las mujeres y redonda (honai) los hombres, muy bien cuidado para ser exhibido a los turistas. Cuesta entre 50.000Rp. (lo que tuve que pagar, tras discutir el precio, para poderla ver y fotografiar) y 70.000Rp. para "los japoneses". Supuestamente el dinero se destina para ofrendar a los espíritus de la momia quienes despreocupadamemente permitirían sacar al exterior del honai al personaje en cuestión. Rondando estaban varias mujeres mayores con faldas de tela y pechos al aire. Evidentemente pedían una "cuota" por la sesión fotográfica. Algunos hombres con koteka miraban desde el interior de sus honais hasta que decidieron salir a probar suerte conmigo, por si así me decidía tomar algunas fotos.
Es un circo turístico. Sus habitantes una vez ven a los turistas se desprenden de su ropa y visten más "fresquitos" para el show fotográfico que cobran a 5.000Rp. por personaje. Me sorprendió porque no me lo esperaba tal cual. Tan sólo pretendía ver una momia, algo difícil de encontrar hoy por hoy fuera de cualquier museo, y me topé con todo eso. 
Incluso he dudado, de cerca, de la autenticidad. Tocándola no me pareció tan natural. Parece una escultura vieja de madera podrida. Evidentemente tomé robadas algunas fotos del entorno para no pagar ese pasteleo. Si se paga bien, el poblado realiza una espectáculo tradicional con baile y asadero de cerdo con piedras ardientes en un agujero en el suelo (babi bakar). Suelen encargarlo frecuentemente los grupos turísticos que llegan hasta aquí.
Comprendo que algunos aspectos tradicionales de la cultura Dani sean aún mantenidos en orden a hacer dinero con el turismo, como podría ser este caso, pero tampoco hay que reventar "a la gallina". Me sentí en ese momento comercializado, un hecho que no me sucedía ni siquiera por los mercados de Wamena. Ni en otra parte de Papua.
Por otro lado, puedo comprender que todavía los papuos sean extremadamente amables con los visitantes para lo rápido que está desapareciendo su cultura ante tanta presión turística, los avances y los rápidos cambios, que es muy diferente para nuestra manera de entender. 
 No se cuantas veces al día doy la mano para recibir el saludo de los nativos, todos Danis, y alguno Yali, y espero dar muchísimas más durante mi caminata por los pueblos del valle.
Todo se verá.

18/12/12

Volando al Centro de Papua

A las 7 de la mañana era el vuelo de la compañía Trigana, la única con pasajeros que vuela hacia Wamena y, como me habían advertido, debía estar dos horas antes en facturación, pero como no es necesario ser tan puntual aquí, lo que hice esta vez fue levantarme a las 4:30 para recoger la habitación, hacer la mochila y marchar al aeropuerto bien pasadas las 5, ya que sólo está a 10min. caminando desde el hotel. Era aún de noche y apenas había movimiento por la calle. La lluvia que llevaba cayendo desde primeras horas de la mañana hizo que la temperatura bajara bastantes grados. Al llegar al aeropuerto apenas habría 10 o 15 personas sentadas en el suelo. No habían abierto aún la puerta de acceso porque el personal de tierra de Trigana aún no había llegado. Ni siquiera ellos, trabajadores de un aeropuerto, llegan a su hora en este país. Ni que decir que salimos con hora y media de retraso, como era de esperar.
Llegar hasta mi nuevo destino es tener que coger el avión obligatoriamente porque no hay carreteras y es imposible llegar por río.
Una vez en las alturas, bajo el avión y de algunas nubes, una interminable capa de color verde invariable se extiende insistentemente en esta parte de la isla mientras serpenteantes ríos de color chocolate resquebrajan la majestuosa imagen. Es tal la espesura que resulta impenetrable por ningún lado. "¿Cuantas tribus ocultas entre tanta naturaleza podrán existir aún sin ser localizadas?", me preguntaba mientras miraba a través de la arañada ventanilla junto a mi asiento.
En un planeta de más de seis mil millones de personas, las culturas primitivas aisladas están siendo empujadas al borde de la extinción como consecuencia del desarrollo insostenible al que estamos llegando. El ansia de muchos de enriquecerse inmediatamente a costa de destruir la naturaleza junto al deseo de otros de descubrir nuevas tribus ha dado como resultado absurdas aniquilaciones debido a enfermedades contraídas, esclavitud, hambre y el proselitismo como los que se tragó casi la totalidad de las sociedades tribales del mundo tras la llegada de los exploradores europeos.
Otra forma de turismo de aventura, que se lleva practicando desde hace décadas en este amplio territorio como es Papua es la de intentar visitar tribus que nunca han visto un piel blanca, (una piel mutante, como la nuestra, que nos la quitamos cuando vamos a bañarnos y nos la ponemos nuevamente tras secarnos) pues hay gente que paga muchísimo dinero para realizar este tipo de viaje, queriendo encontrar "algo" quizás para fotografiar y luego lucirse delante de los coleguillas. O quizás recorrer países enseñando sus diapositivas, haciendo exposiciones fotográficas, escribiendo libros..., es decir, beneficiándose económicamente.
Y los reportajes de las televisiones del mundo que muestran primitivas tribus desnudas atravesando junglas y montañas de Nueva Guinea no son exactamente reales. De acuerdo, quien quiera filmar eso que forme un grupo turístico donde el tour-operador pague a los locales por realizar el evento para ellos.
Entre tanta interminable jungla de enormes árboles es posible que las tribus de hombres desnudos con arcos y flechas o incluso ocasional canibalismo todavía exista. Personalmente creo que es un mito que el canibalismo haya llegado a su fin. Posiblemente suceda sólo ocasionalmente. La isla es muy amplia y aquellas tribus desnudas que no hayan tenido ni un mínimo contacto podrían estar bien alejadas en el interior. Posiblemente nadie pueda encontrarlos, incluso arriesgando la vida en el intento. Sólo echando un vistazo a Papua en Google Earth se puede ver cómo de inmensas son las selvas aquí.
Y ésto no es lo que yo busco. No quiero ver tribus danzando y cantando en estado natural, porque sé que ya no hay. Las misiones cristianas, que hace casi setenta años que desarrollan sus programas de evangelización y culturización en las diversas tribus indígenas, se encargaron de acabar con ello. Lo que yo quiero es vivir su cultura, su comida, su entorno. No busco llegar hasta ningún lugar olvidado o perdido en una selva tropical donde pocos han podido llegar.
Visitar a los papues es para mi un reto, la máxima pasión que se pueda tener, porque sé que es caro vivir aquí, que todo se tiene que llevar en avión y eso dobla o triplica los precios, pero será la satisfacción de conseguir un sueño que llevo años preparándome.
No considero que este lugar sea el fin del mundo como muchos reportajes y revistas de viajes venden en sus portadas, ese rincón del planeta donde nadie espera encontrar nada porque ya es muy tarde para encontrar eso, o lo que un antropólogo querría como culmen de su trabajo de campo.
Mientras continúo observando a través de la ventanilla de vez en cuando aparecen grupitos de viviendas que apenas puedo llegar a distinguir en medio de tanta jungla. Quizás sean unos de tantos poblados de las misiones. En un lado, posiblemente sobre un montículo haya una iglesia, o dos.
Otras veces aparecen poblaciones más grande perfectamente trazadas, donde la carretera que llega hasta ellas desparece en algún punto entre la espesura.
De pronto aparecen algunas cordilleras de altas montañas. En sus cimas, la misma frondosidad que en tierra. Tan sólo los enormes riscos están pelados. Hay tanta hermosura en el paisaje que parece que estoy viendo un reportaje de naturaleza.
Comenzamos a descender y la voz de la azafata nos avisa de la inminente llegada a Wamena, la ciudad principal en el Valle Baliem.
El valle de Baliem está rodeado de las montañas más altas de Papua y éstas a su vez, en perfecta armonía, lo están de las selvas más impenetrables del planeta. Lo atraviesa el río Baliem. Mares de nubes quedan retenidas en sus alturas, se mueven y desaparecen entre ellas.
Mientras nos acercamos a la pista de aterrizaje voy observando la ciudad. Parece que vayamos a aterrizar en su avenida comercial. 
Lo primero que veo al bajar es un grupo grande de gente apretujado tras unas vallas. No creo que sean guías esperando la llegada de turistas para abalanzarse sobre mí reclamando su elección como guía a través del valle. Es lo que sucede normalmente en época turística, pero ahora no lo es. Mejor para mí.
Afortunadamente sólo dos individuos se presentan. Uno de ellos me acompaña hasta el hotel donde me quiero quedar. Está justo al lado de la Terminal entre otras pocas casas que rodea el aeropuerto, tan sólo separado por una valla metálica. Por el camino ya comienzo a ver a los primeros (o los últimos) indígenas, entrados en edad, que se resisten a abandonar su manera tradicional de vestir: desnudo, la pinga introducida dentro de un koteka (pequeña especie de alargado calabacín hueco), y los huevillos por fuera, es el taparrabo tribal. La punta la tiene atada con un cordal que rodea la cintura. La parte baja amarrada alrededor de los huevos. En la cabeza, una cinta de rafia con pequeñas plumas marrones de ave. Se dirige a pasos acelerados hacia el otro lado del aeropuerto donde hay concentrado un gran número de personas junto a un avión militar de carga. Me comenta el guía que por muy poco dinero pueden viajar en él cuando han descargado y debe regresar vacío. Es una de tantas ayudas que presta el gobierno a los residentes locales.
El hotel no es barato si lo comparo a los precios que he pagado anteriormente porque aquí hay un precio superior para todo. Nada es barato. Estoy preparado para casi doblar el presupuesto diario y tener que pagar un alto precio por realizar el trekking que tengo pensado realizar aquí.  
De suerte que el guía tras unas series de preguntas pronto me abandona porque está a punto de aterrizar otro avión que viene de Jakarta y es mucho más grande. Es decir, ¿mas turistas?, ¿mas posibilidad de negocio?. Me deja como "de Plan B". Mejor para mi porque lo que quiero hacer estos días es quedarme aquí y acomodarme a la altura y a la temperatura nocturna, que desciende hasta los 15°.
Esta es una ciudad muy triste para mí pues me recuerda mucho a lo que está sucediendo en Lhasa y otras ciudades tibetanas, que el gobierno están ampliando la ciudad para traer a mas indonesios y así debilitar la mayoría de locales y tener mejor controlada a la población. Se está haciendo grande y la influencia indonesia es enorme y continua. Los comercios, restaurantes y transportes (taksi y ojek) están dominado por indonesios, mientras los papues siguen tirados por los suelo vendiendo Pinang (nuez de bethel), ese fruto que se mezcla con polvo de conchas, una vaina de mostaza y reacciona produciendo un rojo eléctrico, que mancha los dientes, los labios, las camisas, el suelo, y las paredes de las habitaciones de algunos hoteles donde me he estado alojando últimamente.
Los vetustos Becak (triciclos), sin embargo, son conducidos por los papuos.

16/12/12

Papua Occidental (como País)

Hello Mr...!!
Mientras camino por las calles de cualquier ciudad o pueblo de Papua el particular saludo "Hello Mister!", o "How are you Mister?", y alguna que otra vez "I love you Mister!" seguido de una carcajada de algunos jóvenes ha sido frecuente. Otros se acercan y dicen frases en bahasa indonesia. Habitualmente el "dari mana?" (de donde vienes?) es la siguiente pregunta. Casi nadie sabe inglés sino lo elemental que han aprendido de oídas o quizás en el colegio, y principalmente enseñado por profesores con muy poca cualificación y con escaso conocimiento del inglés.
Se puede entender perfectamente ese mensaje. No es sólo un saludo, es también un agradecimiento por visitarlos y esperan contentos que disfrute de su lugar y que traiga a más gente en el futuro. La extrema amabilidad del papuo y del indonesio en general, porque no decirlo, es evidente en las calles. Además de ser muy curiosos, principalmente las mujeres mayores, no quitan la vista ante cualquier movimiento que hago, por ejemplo sentado en el Taksi, o caminando por el mercado. Una vez saludado, la seriedad se convierte en una contagiosa sonrisa y casi nadie espera que yo les pueda preguntar algo en bahasa indonesia.
En muchas ocasiones se explayan dando todo tipo de información, aunque a veces son equivocadas -y no adrede-, pero ellos se alegran de "poder contestar". Generalmente creen necesario contentar, por eso siempre pregunto lo mismo a varias personas distintas, recibiendo frecuentemente respuestas diferentes.
Un enorme proceso de cambio se está acelerando progresivamente debido a la labor de los misioneros, que han estado trabajando durante muchas décadas entre las poblaciones locales. La gente del norte y el oeste son en su mayoría protestantes, los del sur y del interior del país son católicos romanos mientras que los que están en la parte occidental son en su mayoría musulmanes. El animismo es todavía practicado por ciertas aldeas concretas en varias partes de la provincia.
Toda Papua está siendo asumida por el javanés -el grupo étnico dominante en Indonesia- e inmigrantes de otras partes de Indonesia, que tienen el apoyo del gobierno, pero no el permiso de las etnias papúes para asentarse en sus tierras construyendo casas modernas junto a las vetustas de los locales.
Los papuos son muy reacios a apoyar al gobierno indonesio en Papua, que son realmente los que se benefician del turismo, aunque el resto de los países melanesios están muy preocupados por la erosión de los derechos y la represión de los indígenas de esta isla.
Definitivamente puedo decir que todos los papues que he conocido en Papua Occidental y que tenían alguna opinión al respecto, sólo quería que llegaran más turistas y no menos.
La presión del gobierno puede ser la razón principal de la desaparición de la vestimenta tradicional (de sobra el principal atractivo de Papua para la mayoría de los visitantes), aunque el trato a los papuos es en realidad mucho mejor ahora, tanto financiera como políticamente, que antes de la "autonomía especial". De hecho, los sentimientos partidarios de independencia parecen haber disminuido.
Sobre la base de las características físicas, los diferentes idiomas, las costumbres, la expresión artística y otros aspectos de su cultura, entre los pueblos indígenas de Papua se distinguen cerca de 250 subgrupos que pertenecen a la raza melanesia, y están relacionados con la gente que habita en las islas a lo largo de la ribera sur del Pacífico. Se cree que los Negritos se asentaron primeramente en la isla, probablemente hace unos 30.000 años, seguido de los melanesios. Los habitantes de las tierras altas centrales siguen manteniendo sus costumbres ancestrales y tradiciones, pero no están prácticamente al margen de influencias extranjeras. Aunque la mayoría de los cambios radicales hasta el momento ha tenido lugar entre las poblaciones costeras, que han sido sometidos a más contactos con el mundo exterior como consecuencia del transporte marítimo.
Papua es tierra de contrastes con algunas de las más impenetrables junglas en el mundo, un territorio de una excepcional grandeza natural, con hermosas playas, inmensas extensiones de marismas y frescos prados de altas hierbas. Sus montañas ofrecen interesantes posibilidades de senderismo y trekking combinando exóticas flora, fauna y cultura con sobresalientes escenarios. No hay caminos marcados ni mapas oficial alguno de posibles rutas, tan sólo las indicaciones de los vecinos que utilizan las veredas para trasladarse de pueblo en pueblo, para ir a sus huertos en las montañas o para dirigirse a los mercados, así que en casi todas las caminatas para explorar cualquier zona hay que contratar un guía, al menos, local. Su asombrosa e inmensa diversidad de flora y fauna está determinada por pura variedad del ecosistema presente: desde profundos corales hasta pantanos de costa, diferentes bosques tropicales y montañas que se elevan hasta los glaciares alpinos, algunas cubiertas de nieve permanentemente.
A pesar de que Papua es famosa por sus Aves del Paraíso, esta provincia no es especialmente rica en fauna. Casi todos los animales aquí son del tipo de la fauna australiana. Es el hogar de una enorme diversidad de vida salvaje única en toda la isla, pero poder observar las especies más raras es muy difícil pues suelen ser muy tímidas y a menudo nocturnas. Al menos las que no han sido aniquiladas por los habitantes de la zona!!.
El cobre, el petróleo, la madera, la pesca, los camarones y el pepino de mar se encuentran entre los principales productos de exportación de esta provincia.
Papua occidental se encuentra a sólo 3 grados al sur del ecuador y es uno de los lugares más remotos y primitivos sobre la Tierra. Por lo que he leído, la gente del interior de la isla sólo han salido de la Edad de Piedra en los últimos 30-40 años, y hasta 1950, las herramientas de piedra era lo cotidiano. No fue sino hasta que los extranjeros introdujeron el acero, aquí se usaban hachas de piedra y cuchillos de hueso, pues eran todo lo que tenían.
El marino y explorador alavés Iñigo Ortiz de Retes fue quien en 1545 dio el nombre de Nueva Guinea a una franja de tierra en la costa norte de la segunda isla más grande del mundo (después de Groenlandia), y que ahora una mitad del territorio pertenece a Indonesia y la otra media a Papua Nueva Guinea.
En 1961 una expedición científica la describiría como una “sociedad de la Edad de Piedra en el siglo XX”, y más tarde sería invadida por los misioneros cristianos.
Papua Barat u Occidental (Indonesia) que se encuentra en la mitad occidental de esta enorme isla llamada Nueva Guinea, es la provincia más grande de toda Indonesia -alrededor de 410.000km2-, representa casi el 21% de la superficie total del país y con algo más de 1,5 millones de habitantes tiene la densidad de población más baja de toda Indonesia, debido a que el 75% de esta tierra está cubierta por densos bosques tropicales.
El transporte por carretera es muy limitado. Apenas las hay, y las más transitadas son las de acceso a las grandes ciudades desde poblados cercanos, pero no suelen estar asfaltadas mayoritariamente, aunque el gobierno está invirtiendo bastante en acondicionarlas. El medio de transporte es el Taksi colectivo (Taksi Biasa) al que entra tanta gente que es imposible estar cómodamente sentado. Sobre todo se hace caluroso en los minutos -u horas- de espera para que se llenen. También la MotoTaxi y el Becak, (bici que empuja un carrito con uno o dos personas en su interior) como vehículos más cómodo y rápido.
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